Es curioso pasearse alrededor de una maquina enorme, suministradora de placer o tal vez de dolor; maderas, cuerdas, hierro al servicio del arte.
Rodeandola, imágenes pequeñas redondas, vistas como desde una mirilla, espiando los momentos íntimos.
¿Qué sensación producen? ¿Qué extraña excitación en el cuerpo? ¿Qué pensamientos? ¿Erotismo, obscenidad, vergüenza, timidez, repulsión?
Fred Vaésen logra que el espectador no se quede indiferente ante su obra a la vez que le transmite su visión interior.
Advertisement