Tokio, París, Berlin, Londres, Barcelona…

Estoy seguro que a estas horas hay algún hombre solo esperando  en cualquier estación de metro del mundo. Volverá de fiesta, ira al trabajo, o tal vez no tenga nada más que hacer.

Con las manos en los bolsillos puede que sea invierno, quizás en Buenos Aires o tal vez en Tokio.

¡Sonríe!  La risa es una buena compañera para un hombre que espera un metro con algún pasajero con el que poder charlar, o simplemente mirarle, aunque muchas noches los vagones van vacíos, sin nadie.

El tren se detendrá y subirá al vagón agorrándose a la barra. Puede que recuerde alguna canción de Miles Davis o sencillamente piense en algún ser querido.

Cuando salgas hazlo por la puerta del medio es lo habitual, sube las escaleras mecánicas y busca la calle.

De todas formas el tren (el del chico) no se detuvo en Londres, ni en New York, tampoco en Barcelona ni en Moscú, lo hizo en Madrid  cerca del Café Central seguro que va a escuchar  jazz

¿Sabéis? Creo que le conozco: es mi vecino el aviador, el del tercero Derecha. Nos encontramos todas las mañanas en el ascensor. Simplemente nos saludamos.

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